Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar

Instagram.

Si se pusiesen delante de los ojos de cada hombre los dolores y los tormentos espantosos a los cuales está continuamente expuesta su vida, ante esta vista quedaría yerto de espanto. Y si se condujese al optimista más entusiasta a través de los hospitales, lazaretos, cámaras de tormento quirúrgico, prisiones y lugares de suplicio; de las ergástulas de esclavos, de los campos de batalla o de los tribunales de justicia; si se le abriesen todas las obscuras guaridas donde se oculta la miseria huyendo de las miradas de una curiosidad fría, y en fin, si se le dejase mirar dentro de la torre del hambriento Ugolino, entonces de seguro que acabaría por reconocer de que clase es este mundo al que llaman el mejor de los mundos posibles.

A. Schopenhauer

Ojala  pudiera vivir en las redes sociales, como hacen tantos,  vivir de ellas, a través de ellas perder la vida, no distinguirla entre  la realidad,  o lo llamado realidad, vivir  pegado a la pantalla, superviviendo pensando en esos cuerpos perfectos, en esos poderíos privilegiados, sus dineros, departamentos, animales, alcoholes… pero la mayoría no es más que una maldita mentira, nunca en la vida han existido tanto actores, tantos personajes pululando sin precisamente actuar, nunca se habrían construido tales muñecos con tales falsedades, alguna vez existieron esos personajes cuasi perfectos, pero como decirlo, hacía falta algún tipo de talento. Hay que dejarlo claro la belleza no es un talento, de hecho, la belleza ni siquiera es algo certero, mi pedantería y mal humor puede parecerle a algunos, imberbes, galanterías, mientras que a otros, quizá más inteligentes, algo tan repulsivo que de solo verme las arcadas afluyen. 

A unos les gustan los culos grandes, las pieles blancas, los cabellos rizados, a otros, las pequeñas  tetas, los culos delgados, las pieles morenas, los pelos lacios, alguna vez la belleza dependían de los ojos con lo que se vea, pero la belleza ahora, parece depender de un montón  de “influencers” que a duras penas han aprendido algo diferente a sujetar sus  móviles de las maneras indicadas para presumir sus nuevos outfits,  la nueva nariz fabricada con rinoplastia, ese culo cultivado con ejercicio persistente. No cabe duda, hoy día, la gente gana dinero siguiendo los mayores estereotipos de belleza, hay para cada gusto y cada una de esas personas, de esas mujeres, de esos hombres se adaptan a los deseos de los unos y a las ensoñaciones del querer ser de los otros. Nada me resulta tan repulsivo como darme un paseo por Instagram y ver a las e-girls  y a los e-boys disque luchando contra las estéticas imperantes pero a su vez construyendo otras muertas para que otros humanos se desgasten las vestiduras persiguiéndoles. ¿Algún día? ¿Algún día dejaremos de caer en los brillos que lo único que hacen es ocultar ese negro abismo? ¿algún día Dejaremos de buscar en la basura los diamantes que en realidad siempre resultan ser el aluminio de la comida podrida brillando?  Yo no lo sé.

En el caso de los hombres, porque siento que estoy tratando aquí injustamente a las mujeres sin disparar de lleno también a los hombres, aunque realmente al criticar estas estéticas predominantes en el sexo femenino también ataco esa idea de consumo que se agazapa en las cabezas de los hombres y les hace cosificar a esas mujeres que primero se cosifican a sí mismas, como sea,  el hombre añora, su trabajo deseado, su fortuna deseada, también, su cuerpo deseado,  los coches, motos y el lifestyle  que tanto presumen los otros en esas redes, por ejemplo, un hombre en un jate, bebiendo champagne, con cinco mujeres a su lado, tatuado,  esa es la viva imagen del éxito, una bella vista, un placer, el alcohol más caro, las mujeres más hermosas. ¿Qué no hay alguien que sea sincero? ¿Todos intentamos guardar una apariencia? Ocultamos nuestros defectos, engrandecemos nuestras virtudes y nos vamos desdibujando entre comunidades gigantescas que son todas iguales. Yo quisiera ver un hombre vomitado, una mujer recién despierta, un  señor con lágrimas en los ojos, una pistola en su cien, en ese breviario  de su vida miserable antes de su suicidio, un enfermo colgado apenas de la vida, con la muerte abrazándolo, una anoréxica con los huesos formándole, un adicto a las drogas con sobredosis, un alcohólico con su sangre afluyendo a causa de su cirrosis, un hombre viejo con problemas para conservar erecto su pene, yo prefiero mil veces vislumbrar  las desgracias de las personas antes que  enaltecer esa imagen privilegiada de sus virtudes.

La gente se olvida, con el paso de los días, de los meses, de los años en esas redes tan asesinas de la individualidad, de que la desgracia, la pesadez, la certeza del sufrimiento es más frecuente que los espurios flashazos del éxito, que las apenar perceptibles ensoñaciones de la felicidad.  No, la franqueza, es decir, que la desgracia es más frecuente, es decir, uno caga más de lo que sonríe, uno llora más por tristeza de lo que llora por sus sorpresa, la felicidad es apenas un pequeño chispazo que incendia el ego humano y le enceguece, mientras que la miseria, la certeza del pesimismo   es esa cachetada violenta, ese puñal agazapado en nosotros sin que lo obviemos,  el sufrimiento es la realidad aterrizando nuestros cuerpos olvidados en la nefelibata,   ni uno de esos modelos, ni uno de esos actores del falso positivismo pueden ocultar esa realidad que es la única imperante en nuestra piel, la única patria común del humano es el sufrimiento. 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: